¿Somos capaces de alinear lo que podemos hacer con lo que deberíamos hacer?

Admiro la claridad combativa de Shoshana Zuboff desde hace años, y hoy me he pegado un buen rato leyendo y meditando su último artículo publicado en El País. Aunque no acaba de persuadirme su peroratio idealista y conmovedora —me convence más su diagnóstico del poder tecnocorporativo que la confianza final en que aún podamos someterlo a control mediante una movilización moral y democrática—, el artículo posee una vigencia inapelable.

Quienes trabajamos en tecnología vemos de cerca que el problema no es la tecnología en abstracto, sino la pérdida de control democrático sobre las infraestructuras, los datos y los incentivos económicos que hoy la gobiernan. La pregunta de fondo para mí es, de nuevo, si somos capaces de alinear lo que podemos hacer con lo que deberíamos hacer. Porque los valores no llegan después de la tecnología: quedan inscritos en sus requisitos, sus arquitecturas, sus métricas y sus modelos de negocio.

¿Qué proponemos exactamente? La dificultad comienza al concretar las alternativas. La movilización democrática es necesaria, pero no suficiente: debe traducirse en regulación, instituciones, contrapoderes y diseño técnico.

Además —cosas de mis neuronas saladas—, al llegar al pasaje en que afirma "[...] la defensa de la democracia es un acto de amor que ofrecemos por adelantado a un futuro aún indeterminado" he recordado a Le Guin y también el reciente poema de Carlos Bueno Vera, "reflexiones para un poema introductorio sobre los dominios", que, a su vez e irremediablemente, asocio a "Las ciudades invisibles" de Italo Calvino.

Cuanto más trato de comprender nuestro Zeitgeist, más consciente soy de su complejidad y menos me sirven las respuestas simples.

Me habría ido mejor en el conciertazo de Nick Cave de anoche...

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